Decía Vidal Sasoon, el célebre peluquero, que el único lugar donde el éxito viene antes del trabajo es en el diccionario. Pero ¿cómo se trabaja después de alcanzarlo?

La gestión del éxito es uno de los retos más importantes para que los directivos y sus organizaciones puedan mantenerse al máximo nivel a lo largo del tiempo. Si no lo sabes tratar, el éxito puede convertirse en la antesala de tu fracaso.

En qué consiste la gestión del éxito empresarial

Cuando hablamos de gestión del éxito empresarial nos referimos a aprender de las cosas que hemos hecho bien, no para repetirlas, sino para entender las claves de su éxito. Uno de los mantras más repetidos es que aquello que funciona no hay que tocarlo. Mal consejo, porque si hay algo cierto es que las condiciones cambian constantemente y hacen fracasar fórmulas que antes funcionaban. Si cambia la competencia, el producto y hasta los gustos de los consumidores, ¿cómo vamos a mantener las mismas prácticas, estrategias o precios?

Del éxito se puede aprender mediante el autoanálisis. Hay quien piensa que esto es algo exclusivo del fracaso, que solo tiene sentido analizar en qué se ha fallado. Pero lo cierto es que también en los momentos de acierto hay que analizar qué se ha hecho bien, porque tu éxito no es un atributo personal inmutable que te ha donado la Providencia. Es, como el fracaso, el resultado de una serie de actos y decisiones en un entorno concreto.

Medición y previsión

¿Qué puede salir mal en el futuro? Cualquier cosa. Para evitar que esa pregunta se haga en pasado («¿Cómo pudo salir mal si nunca había fallado?») lo mejor es ser previsor. Un buen líder debe saber medir los factores que le han llevado al éxito y prever que circunstancias pueden variar en la siguiente ocasión. Medición y previsión son, por lo tanto, dos aspectos que deben considerarse para elaborar una estrategia de aprendizaje basada en el éxito.

Este tipo de aprendizaje está bajo estudio por expertos que afirman que el cerebro es más receptivo tras un hecho exitoso que después de un fracaso. Es el caso de la investigación realizada por el profesor de Neurobiología de la Universidad de Harvard, Mark H. Histed, citada en este artículo de BrainSINS.

El beneficio de saber gestionar el éxito sirve tanto para la empresa como para el profesional, ya que la organización obtiene mejores resultados y la persona acumula una experiencia valiosa. En el plano individual, el problema que nos plantea aprender del éxito es que el cerebro, que sabe más que el hambre, está programado para gastar lo mínimo posible. Si ve que algo ha funcionado, tiende a relajarse.

Además, de alguna manera, el éxito nos vuelve conservadores y nos cuesta más hacer cambios porque pensamos que hay que repetir el modelo empleado anteriormente. Estos dos factores: relajación y acomodación, son el germen del futuro fracaso. Así que una buena recomendación es evitarlos.

Como ves, la gestión del éxito es tan importante como saber encajar los fracasos. No es cierto que solo las caídas te pueden hacer más fuerte. El éxito también fortalece y, sobre todo, duele mucho menos.

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